De inyecciones y alergias.

Las Tribulaciones de Mariola Po - Capítulo VII


     Así que me acribilla a inyecciones, cada una de un color, mire madre, la amarilla es la del polen, la gris la del polvo, la verde la de no sé qué de la comida... Y así siete más pero ninguna da resultado. El médico empieza a sudar y me mete otra tanda de inyecciones para alergias más raras. Ahora es para la celulosa del papel de los billetes, el aluminio del cemento del suelo, las resinas del aglomerado del mostrador, el cloro y el fluoruro de las tarjetas de crédito...

     Total que a la tercera tanda acabo con una intoxicación impresionante bajo la piel y el tipo nombrando mis muertos, diez años que le había costado conseguir el empleo para que a la primera de cambio se lo echase a perder una niñata del tres al cuarto con a saber qué cochinada había pillado por ahí.

     Le pide tiempo al jefe de personal, don Hipólito, un señor muy alto, mandón y engreído, que por muy trajeado que fuese, la pinta de analfabeto no se la quitaba nadie, y éste, siguiendo la máxima de la empresa: máximo rendimiento = máxima rentabilidad, me pone a ordenar latas, que si me estoy muriendo pues que lo haga trabajando, cóño, que por el interés te quiero Andrés...


Rietus deconstruido

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